Alfil Negro

Me llamo Marc Torra y tras algo más de veinte años escribiendo novelas y relatos cortos de fantasía me decidí a crear Alfil Negro Fantasy, que es una iniciativa a modo de sello editorial mediante el que pretendo publicar una serie de novelas enmarcadas en los diversos subgéneros de fantasía.

Los motivos por los que finalmente me decidí a crear Alfil Negro Fantasy fueron dos.

El primero por supuesto fue impulsado por las ganas de ver publicadas mis novelas, algo que casi todo aquel que escriba entenderá bien.

El segundo fue la estrepitosa colisión que tuve con la realidad que rodea el mundo editorial de la fantasía en nuestro país, España, y que es esta. Si eres un autor novel, y por tanto desconocido, nadie quiere saber nada de ti. Ni los agentes literarios ni desde luego las editoriales.

Por supuesto hay algunas excepciones, pero en la mayoría de los casos se trata de autores/as que se iniciaron en otro género y luego derivaron a la fantasía (hablo de novelistas publicados por editoriales reputadas, no por autoedición o editoriales que ofrecen la opción de autoedición), más que de una generalidad a tener en cuenta como ejemplo de la realidad.

La mayoría de las editoriales que publican alguna línea de novelas de fantasía lo hacen con contratos en los que pagan a editoriales extranjeras por los derechos de traducción y publicación de sus autores (casi siempre estadounidenses). Dicho de otro modo, la gran mayoría de novelas de fantasía que aparecen en nuestro país son traducciones de aquellas que, se supone, han funcionado bien en el extranjero primero. Las editoriales no se arriesgan con autores noveles españoles, y claro, si ellas no lo hacen tampoco los agentes literarios.

Esto viene dado por el principal problema de fondo que tenemos aquellos a los que nos encanta la fantasía, y es que en España nuestro género favorito es poco más que marginal. No tiene más que una pequeña cuota de mercado. Si a esto unimos el hecho de que España es uno de los países de la Unión Europea con un índice de lectura per capita anual más bajo, no es de extrañar que las editoriales no quieran arriesgarse con autores nuevos, y prefieran invertir en novelistas extranjeros que ya han probado antes su talento (o índice de ventas) en sus respectivos países.
Buena prueba de esto es también el hecho de que, al hablar por teléfono con más de treinta agentes literarios de todo el país, la mayoría me confirmaron que lo de ser agente literario para ellos/as era un trabajo parcial, o lo que es lo mismo, que no era de lo que comían. Casi todos ellos contaban con un trabajo de jornada completa en otro sector y, como complemento, ejercían de agentes en su tiempo libre. Sólo los que operaban en agencias de agentes y una mujer que lo hacía por su cuenta, me confirmaron que ese era su trabajo full time.

Además muchos/as de ellos/as al escuchar el género en el que me movía ya me cortaron y dijeron que no llevaban ese tipo de autores, lo que me confirmó lo mal que está el mercado para nuestro sector, la fantasía.

Con todo esto en cuenta la única opción viable que me quedó (tras hablar con algunas personas que habían publicado por medio de editoriales que ofrecían la opción de co-producción con el/la autor/a, lo que viene a ser una especie de autoedición, pero con mucho menos beneficio para el/la autor/a) fue la autoedición. Sin más. Y a ello me puse.

Como resultado de todo esto tenemos mi primera novela publicada, La Vigilia, una novela enmarcada dentro del subgénero de fantasía contemporánea.

Para todos aquellos/as interesados/as pueden ojear la sinopsis en el apartado de La Vigilia, y, en caso de estar interesados/as, podéis pedir más información o comprarla online en el apartado Contacto.